lunes, 12 de febrero de 2007

Confucio, el primer maestro-Capítulo IV

CAPÍTULO IV

CONFUCIO, EL PRIMER MAESTRO

Confucio es el nombre latinizado de la persona que se conoce en China como Kong Zi o señor Kong*. Su apellido es Kong y su nombre personal, Qiu. Nació en el año 551 a.n.e. en el reino de Lu, en la parte sur de la actual provincia de Shangdon en el este de China. Sus antepasados habían sido miembros de la casa ducal del reino de Song, emparentado con la casa real de Shang, la dinastía que precedió a la Zhou. Debido a problemas políticos, antes del nacimiento de Confucio, la familia había perdido la categoría de nobleza y había emigrado a Lu.

El más detallado relato de la vida de Confucio se halla en la biografía que comprende el capítulo XLVII del Shi Ji o Registros Históricos (la primera historia dinástica de China, compilada cerca del año 86 a.n.e.). Por esta biografía, sabemos que Confucio fue pobre en su juventud, que a los cincuenta años de edad entró al gobierno de Lu y más tarde llegó a ser funcionario de alto rango. Como resultado de una intriga política, sin embargo, pronto se vio obligado a renunciar a su puesto y pasó al exilio. Durante los trece años siguientes, viajó de un reino a otro, siempre con la esperanza de poder realizar su ideal de reforma política y social. Sin embargo, en ninguna parte tuvo éxito, y finalmente retornó ya viejo a Lu, donde murió tres años después, en el año 479 a.n.e.

*La palabra “zi” o “señor” es un término de cortesía agregado a los nombres de la mayoría de los filósofos de la dinastía Zhou: como Zhuang Zi, Xun Zi, etc., que significan “señor Zhuang”, “señor Xun”, etc.

CONFUCIO Y LAS “SEIS OBRAS CLÁSICAS”

En el capítulo anterior dije que el surgimiento de las escuelas filosóficas se inició con la práctica de la enseñanza privada. De acuerdo con las conclusiones de los estudios modernos, Confucio fue la primera persona en la historia china en enseñar, a título personal, a un gran número de estudiantes, quienes lo acompañaban durante sus viajes por diferentes reinos. Según la tradición, él tuvo millares de estudiantes, decenas de los cuales llegaron a ser famosos pensadores y eruditos. Esa cifra es sin duda alguna, una grosera exageración, pero es indudable que él fue un maestro de gran influencia, y lo que es más importante y singular, el primer maestro privado de China. Sus ideas son perfectamente conocidas a través del Lun Yu o Analectas de Confucio, una colección de sus dichos dispersos compilada por algunos de sus discípulos.

Confucio fue un ru y el fundador de la escuela de ru, que es conocida en Occidente como la escuela confuciana. En el capítulo anterior vimos como Liu Xi escribió respecto de esta escuela que “se deleitó en el estudio de los Liu Yu y prestó atención a los temas de la benevolencia y la justicia “. El término liu yu significa “seis artes”, es decir, las seis artes liberales; pero más veces se ha traducido como “seis obras clásicas”. Las seis obras son el Yi o Libro de los cambios, el Shi o Libro de las Odas (poesía), el Shu o Libro de la Historia, el Li o Libro de los Rituales o Ritos, el Yue o Libro de la Música (ha dejado de mantenerse como una obra independiente) y el Chun Qiu o Anales de Primavera y Otoño, una crónica histórica del Estado de Lu, que cubre el período entre el 722 y el 479 a.n.e., año en que murió Confucio. La naturaleza de estos clásicos es clara, con excepción del Libro de los Cambios. Esta obra fue interpretada en tiempos posteriores por los confucianos como un tratado sobre la metafísica, pero originalmente fue un libro de adivinación.

En cuanto a las relaciones de Confucio con las seis obras clásicas, hay dos escuelas de erudición tradicional. Una sostiene que Confucio fue el autor de todas estas obras, mientras que la otra insiste en que Confucio fue el autor de los Anales de Primavera y Otoño, el glosador de del Libro de los Cambios, el reformador del Libro de los Rituales y del Libro de la Música, y el redactor del Libro de la Historia y del Libro de las Odas.

Pero, en realidad, Confucio no fue autor, glosador, ni redactor de ninguna de las obras clásicas. En algunos aspectos, ciertamente, él era un conservador que defendía la tradición. En los ritos y la música, sí que trató de rectificar todas las desviaciones de las prácticas o estándares tradicionales, y hay ejemplos de esta conducta en el Lun Yu o Analectas. A juzgar por lo que se dice de él en las Analectas, sin embargo, Confucio no tuvo nunca la intención de escribir algo personalmente para las generaciones futuras. Escribir libros a título privado, en lugar de hacerlo a título oficial, fue una práctica que no apareció sino después de la época de Confucio. Él fue el primer maestro privado de China, pero no su primer escritor privado.

Las seis obras clásicas existían antes de la época de Confucio, y eran la herencia cultural del pasado. Habían sido la base de la educación de los aristócratas durante los primeros siglos del feudalismo de la dinastía Zhou. Cuando el feudalismo comenzó a desintegrarse, sin embargo, aproximadamente en el siglo VII a.n.e., los maestros de los aristócratas, e incluso algunos de éstos, que habían perdido sus posiciones y títulos pero eran versados en las obras clásicas, empezaron a dispersarse entre el pueblo. Ellos se ganaban la vida, como hemos visto en el capítulo anterior, enseñando las obras clásicas o actuando como experimentados ´”asistentes” en los ritos con ocasión de funerales, sacrificios, bodas y otras ceremonias. Ellos eran los ru o literatos.

CONFUCIO COMO EDUCADOR

Confucio, sin embargo, fue más que un ru en el sentido común de la palabra. Es cierto que en las Analectas encontramos a Confucio descrito meramente como un educador. Quería que sus discípulos fueran “hombres perfectos”, útiles para el Estado y la sociedad, y por lo tanto les enseñaba diversas ramas de conocimientos basados en las obras clásicas. Su primera función como maestro, según sintió él, era interpretar para sus discípulos la herencia cultural antigua. Por esta razón, en sus propias palabras, según consta en las Analectas, él era “un transmisor y no un originador” (Analectas, VII, 1. ). Pero este es sólo un aspecto de Confucio. El otro aspecto es que, cuando transmitía las tradicionales instituciones e ideas, Confucio les daba una interpretación derivada de sus propios conceptos morales. Esto se manifiesta en su interpretación de la vieja costumbre de que, a la muerte del padre o de la madre, el hijo lleva luto durante tres años. Confucio comentaba: “El niño no puede salir de los brazos de los padres sino cuando tiene tres años de edad. Por esta razón, el luto de tres años es observado en todo el mundo.” (Analectas, XVII, 21.) En otras palabras, el hijo depende totalmente de sus padres durante por lo menos los tres primeros años de vida; por lo tanto, a la muerte de sus padres, debe llevar luto por ellos durante un lapso igual para expresarles su gratitud. Cuando enseñaba las obras clásicas, Confucio les daba nuevas interpretaciones. Así, al hablar del Libro de las Odas, subrayaba su valor moral diciendo: “En el Libro de las Odas hay trescientos poemas. Pero la esencia de ellos puede resumirse en una sola frase: ´No se debe tener pensamientos perversos´. “ (Analectas, II, 2.) De este modo Confucio fue más que un simple transmisor, pues, al transmitir, creaba algo nuevo.

Este espíritu de creación a través de la transmisión fue perpetuado por los seguidores de Confucio, los cuales, al transmitir las obras clásicas de generación en generación, les dieron innumerables glosas e interpretaciones. Una gran parte de las que más tarde se llamaron las “Trece Obras Clásicas” fueron glosas y comentarios agregados a los textos originales.

Esto es lo que separó a Confucio de los literatos ordinarios de su época, y le convirtió en el fundador de una nueva escuela. Como los seguidores de Confucio fueron al mismo tiempo eruditos y especialistas en las “Seis Obras Clásicas”, esta corriente fue conocida como la “escuela de los literatos”.

LA RECTIFICACIÓN DE LOS NOMBRES

Además de las nuevas interpretaciones que Confucio daba a las obras clásicas, él tenía sus propias ideas sobre el individuo y la sociedad, sobre el cielo y el hombre.

Con respecto a la sociedad, Confucio sostenía que, para que existiera orden en la sociedad, lo más importante era llevar a cabo lo que él llamaba “la rectificación de los nombres”. Es decir, lograr que las cosas reales estuviesen de acuerdo con el significado de sus nombres. Cierta vez, un discípulo le preguntó qué es lo que haría primero si fuera a gobernar un Estado, a lo que Confucio replicó: “Lo primero que se necesita es la rectificación de los nombres” (Analectas, XIII, 3.) En otra ocasión, uno de los duques de la época le preguntó a Confucio por el correcto principio de gobierno, a lo que él respondió: “Que el gobernante sea gobernante, el ministro ministro, el padre padre, y el hijo hijo.” (Analectas, III, 11.) En otras palabras, cada nombre tiene ciertos significados que constituyen la esencia de la clase de cosas a la que ese nombre se aplica. Tales cosas, por consiguiente, deben concordar con sus esencia ideal. La esencia de un gobernante es lo que idealmente debe ser el gobernante, según lo que en chino se llama “la vía del gobernante”, entonces es realmente un gobernante, tanto de hecho como de nombre. Existe un acuerdo entre el nombre y la realidad. Si no actúa así, no es gobernante, aun cuando pueda ser popularmente considerado como tal. Cada nombre en las relaciones sociales encierra ciertas responsabilidades y deberes. Los términos “gobernante”, “ministro”, “padre” e “hijo” son nombres de esas relaciones sociales, y los individuos que llevan estos nombres deben cumplir con las responsabilidades y deberes que les corresponde. Este es el significado de la teoría de Confucio sobre la rectificación de los nombres.

BENEVOLENCIA Y JUSTICIA

Respecto a las virtudes del individuo, Confucio subrayaba la benevolencia y la justicia, especialmente la primera. La justicia (yi) es el “deber ser” de una situación. Es un imperativo categórico. Cada uno en la sociedad tiene ciertas cosas que debe hacer y que deben ser hechas por ellas mismas porque es moralmente correcto realizarlas. Sin embargo, si esas cosas se hacen sólo por otras consideraciones no morales, entonces aun cuando se haga lo que se debe hacer, la acción deja de ser justa. Usando una palabra que solía ser despreciada por Confucio y los confucianos posteriores, en el segundo caso se está actuando por “provecho”. Yi (justicia) y li (provecho) son, en el confucianismo, términos diametralmente opuestos. El propio Confucio dice. “El hombre superior concibe el yi; el hombre pequeño concibe el li.” (Analectas, IV, 16.) Aquí reside lo que los confucianos posteriores llamaban “distinción entre el yi y el li”, una distinción que ellos consideraban de la mayor importancia en la enseñanza moral.

La idea del yi es más bien formal, pero la de ren (benevolencia) es mucho más concreta. La esencia formal de los deberes del hombre en la sociedad es su “deber ser”, porque todos estos deberes son los que debe cumplir. Pero la esencia material de estos deberes es “amar a otros”, o sea, ren o benevolencia. Cuando el padre actúa en la forma en que debe actuar un padre, ama a su hijo; el hijo que actúa en la forma en que debe actuar un hijo, ama a su padre. Confucio dice: “La benevolencia consiste en amar a otros.” (Analectas, XII, 22. )

El hombre que realmente ama a otros es un hombre capaz de cumplir con sus deberes en la sociedad. Así, en las Analectas vemos que Confucio usa a veces la palabra ren no sólo para denotar un tipo especial de virtud, sino también para denotar todas las virtudes combinadas, de modo que el término “hombre de ren” se convierte en sinónimo del hombre de todas las virtudes. En tales contextos, ren puede ser traducida como “virtud perfecta” .

ZHONG Y SHU

En las Analectas encontramos el siguiente pasaje: ´Cuando Zhong Gong preguntó por el significado de ren, el maestro dijo: “...No hacer con otros lo que tú no quieras para ti mismo...”´ (XII, 2.) En las mismas Analectas, Confucio dice: “El hombre de ren es uno que, deseando sostenerse, sostiene a otros, y deseando desarrollarse, desarrolla a otros. Ser capaz de sacar de sí mismo la medida para el tratamiento de otros: esto puede ser llamado el camino de la práctica del ren.” (VI, 28.)

El principio fue llamado por alguno de los confucianos posteriores: “principio de aplicación de un cuadrado de medición”. Ello se refiere a que uno se usa a sí mismo como patrón para regular su conducta. En el Da Xue o Gran Estudio, que es un capítulo del Li Ji (Libro de los Ritos), una colección de tratados escritos por los confucianos en los siglos III y II a.n.e., se dice: “No uses lo que no te guste en tus superiores al emplear a tus inferiores. No uses lo que no te guste en tus inferiores al servir a tus superiores. No uses lo que no te guste en las personas que están delante para preceder a las que están detrás. No uses lo que no te guste en los que están detrás para seguir a los que están delante. No uses lo que no te guste en la derecha, para mostrarlo hacia la izquierda. No uses lo que no te guste en la izquierda, para mostrarlo hacia la derecha. Esto se llama principio de aplicar un cuadrado de medición.”

En el Zhong Yong o Doctrina del Justo Medio, que es otro capítulo del Li Ji, atribuido a Zisi, nieto de Confucio, se señala: “Zhong y shu no está lejos de la vía. No hagas con otros lo que no quieras para ti mismo...Sirve a tu padre en la misma medida en que exijas a tu hijo...Sirve a tu gobernante en la misma medida que exijas a tu subordinado...Sirve a tu hermano mayor en la misma medida que exijas a tu hermano menor...Da el ejemplo procediendo con tus amigos en la misma medida en que les exijas...”

La ilustración dada en el Gran Estudio subraya el aspecto negativo del principio de zhong y shu; la de la Doctrina del Justo Medio subraya su aspecto positivo. En cada caso el “cuadrado de medición” para determinar la conducta está en uno mismo y no en otras cosas.

El principio de zhong y shu es, al mismo tiempo, el principio de ren, de modo que la práctica de zhong y shu significa la práctica de ren. Y esta práctica conduce a cumplir con las responsabilidades y deberes de uno en la sociedad, en lo cual está comprendido el yi o justicia. Por tanto el principio de zhong y shu se convierte en el alfa y el omega de la vida moral de uno. En las Analectas, leemos el siguiente pasaje: “El maestro dijo: ´Shen (el nombre personal de Zeng Zi, uno de sus discípulos), todas mis enseñanzas están vinculadas por un principio.´. ´Así es´, respondió Zeng Zi. Cuando el maestro había abandonado el cuarto, los discípulos preguntaron: ´¿Qué quería decir él?´. Zeng Zi replicó: ´La enseñanza de nuestro maestro consiste del principio de zhong y shu, y esto es todo´.”(IV, 15.)

Cada uno tiene dentro de sí mismo el “cuadrado de medición” para la conducta, y puede usarlo en cualquier momento. Así de sencillo es el método de practicar el ren; y Confucio dijo: “¿Acaso es verdad que ren está lejos? Si deseo el re, ¡el ren está a la mano!” (Analectas, VII, 29.)

EL CONOCIMIENTO DEL MING

Desde la idea de justicia, los confucianos dedujeron la idea de “hacer por nada”. Uno hace lo que debe hacer, simplemente porque hacerlo es moralmente correcto, y no por ninguna consideración ajena a esta compulsión moral. En las Analectas, leemos que Confucio fue ridiculizado por cierto ermitaño como “uno que sabe que no puede tener éxito, pero sigue tratando de hacerlo” (XIV, 41.). También leemos que un discípulo de Confucio le dijo a otro ermitaño: “La razón por la cual el hombre superior trata de consagrarse a la política es que considera que esto es correcto, aun cuando esté muy consciente de que su principio no puede prevalecer.”(XVIII, 7.)

Como veremos, los taoístas enseñaban la teoría de “no hacer nada”, en tanto que los confucianos enseñaban la de “hacer por nada”. Según el confucianismo, un hombre no puede no hacer nada, porque cada hombre tiene algo que debe hacer. Sin embargo, lo que hace es “por nada”, porque el valor de hacer lo que se debe reside en el hacer en sí, y no en el resultado externo.

La propia vida de Confucio es precisamente un buen ejemplo de esta enseñanza. Vivió en una época de gran desorden social y político, e hizo lo imposible para reformar el mundo. Viajaba por todas partes e, igual que Sócrates, conversaba con todos y cada uno. Aunque sus esfuerzos fueron en vano, no quedó nunca decepcionado. Sabía que no podía tener éxito, pero seguía tratando.

Respecto de sí mismo, Confucio dijo: “Si mis principios van a prevalecer en el mundo, eso es ming. Si fracasan, también eso es ming” (Analectas, XIV, 38.) Hacía todo lo que estaba a su alcance, pero el resultado lo dejaba al ming. Ming suele ser traducido como hado, destino o mandato. En otras palabras, lo concebía como una fuerza con propósito determinado. En el confucianismo posterior, sin embargo, ming significa simplemente la totalidad de las condiciones y fuerzas existentes del universo entero. Para el éxito externo de nuestra actividad, la cooperación de estas condiciones es siempre necesaria. Pero esta cooperación esta totalmente fuera de nuestro control. Por tanto, lo mejor que podemos hacer es tratar de realizar lo que sabemos que es necesario, sin tomar en consideración si en el proceso tendremos éxito o fracasaremos. Actuar en esta forma es “conocer el ming”. Conocer el ming es un importante requerimiento para ser un hombre superior en el sentido confuciano del término, de modo que Confucio dijo: “El que no conoce el ming no puede ser un hombre superior”. (Analectas, XX, 2. )

Así, conocer el ming significa reconocer la inevitabilidad del mundo como existe y, por lo tanto, hacer caso omiso del éxito o fracaso externos. Si podemos actuar de esta manera, en cierto sentido no fracasaremos nunca. Por consiguiente si cumplimos con nuestro deber, este deber está moralmente cumplido a través de nuestra propia acción, independientemente del éxito o fracaso externos de nuestra acción.

Como resultado, siempre estaremos libres de ansias de éxito y de temores ante el fracaso, y así seremos felices. Por esto Confucio dijo: “Los ilustrados están libres de dudas; los virtuosos, de la inquietud; los valientes, del miedo.” (Analectas, IX, 28.) Y de nuevo: “El hombre superior es siempre feliz; el hombre pequeño siempre está triste.” (Analectas, VII, 36.)

EL DESARROLLO ESPIRITUAL DE CONFUCIO

En el Zhuangzi, vemos que los taoístas solían ridiculizar a Confucio como uno que se limitaba a la moralidad de la benevolencia y la justicia, siendo así consciente sólo de valores morales, y no del valor supramoral. Ellos estaban en lo correcto en apariencia, pero se equivocaban en realidad. Así, al hablar de su desarrollo espiritual, Confucio dijo: “A los quince años de edad, me concentré en el estudio. A los treinta años pude sostenerme. A los cuarenta no tenía dudas. A los cincuenta conocí el mandato del Cielo. A los sesenta fui obediente (a este mandato). A los setenta pude seguir los deseos de mi mente sin cruzar los límites (de lo correcto)”. (Analectas, III, 4.)

El “estudio” al que se refiere aquí Confucio no es lo que ahora llamamos estudio. En las Analectas, Confucio dijo: “Conságrate al Tao” (VII,6.) Dijo también: “oir el tao en la mañana y luego morir por la noche, eso sería magnífico.” (IV, 9.) Aquí tao significa la vía o la verdad. Fue este tao al que Confucio se consagró a los quince años de edad. Lo que ahora llamamos “estudio” significa incremento de nuestros conocimientos, pero el tao es aquello que nos permite elevar nuestra mente.

Confucio también dijo: “Sostente en el li (ritos, ceremonias, conducta adecuada). “(Analectas, VIII, 8.) Dijo también: “No conocer el li es no tener medios para sostenerse.” (XX, 3.) Así, cuando Confucio afirma que a los treinta años pudo “sostenerse”, quiere decir que él comprendió el li y por tanto pudo tener una conducta adecuada.

Su declaración de que a los cuarenta años no tenía dudas significa que entonces había llegado a ser un hombre ilustrado. Por tanto, como se cita líneas arriba, “los ilustrados están libres de dudas”.

Hasta este momento de su vida, Confucio conoció tal vez sólo valores morales. Pero, entre los cincuenta y los sesenta años de edad, conoció el mandato del Cielo y se sometió a él. En otras palabras, entonces también conoció valores supramorales. Confucio en este aspecto fue similar a Sócrates. Sócrates pensaba que él había sido señalado por una divina orden para despertar a los griegos, y Confucio tuvo una conciencia similar de una misión divina. Por ejemplo, cuando enfrentó una amenaza de violencia física en un lugar llamado Kuang, Confucio dijo: “Si el Cielo hubiera deseado que sucumbiera la civilización, las generaciones que han existido (hasta el presente) no habrían podido participar en ella. Pero, cómo el Cielo no ha deseado que sucumba la civilización, ¿qué puede hacer conmigo la gente de Kuang?” (Analectas, IX, 5.) Uno de sus contemporáneos también dijo: “Desde hace mucho el mundo está sin orden. Pero ahora el Cielo va a emplear al maestro como una campanada de atención.”(Analectas, III, 24.) De este modo, al hacer lo que hacía, Confucio estaba convencido de que estaba siguiendo el mandato del Cielo y contaba con su apoyo; estaba consciente de valores más altos que los valores morales.

El valor supramoral experimentado por Confucio, sin embargo, no era, como veremos, el mismo que el experimentado por los taoístas. Porque los últimos abandonaron enteramente la idea de un Cielo inteligente y con propósitos, y colocaron en su lugar una mística unión con un todo indiferenciado. El valor supramoral que ellos conocieron y experimentaron, por consiguiente, estaba libre de los conceptos ordinarios de las relaciones humanas.

A los setenta años de edad, como se ha señalado arriba, Confucio permitió que su mente siguiera todo lo que deseaba, y todo lo que hacía era en sí naturalmente correcto. Sus acciones no necesitaban más guía consciente. Actuaba sin esfuerzo. Esto representa la última etapa en el desarrollo del sabio.

LA POSICIÓN DE CONFUCIO EN LA HISTORIA CHINA

Confucio es mejor conocido en Occidente que cualquier otro individuo chino. Pero, en la misma China, auque siempre famoso, su lugar en la historia ha cambiado considerablemente de un período a otro. Históricamente hablando, fue en un principio un maestro, esto es, sólo un maestro entre muchos. Pero después de su muerte, llegó gradualmente a ser el maestro, superior a todos los otros. Y en el siglo II a..e. fue elevado a un nivel más alto. Según muchos confucianos de esa época, Confucio había sido señalado por el Cielo para comenzar una nueva dinastía que seguiría a la Zhou. Aunque sin corona ni gobierno, se había convertido, hablando idealmente, en un rey que gobernaba todo el imperio. ¿Cómo se había producido esta evidente contradicción? Según esos confucianos, la razón podía encontrarse estudiando el significado esotérico supuestamente contenido en los Anales de Primavera y Otoño. Este libro, a ojos de ellos, no era una crónica del reino natal de Confucio (como lo fue en realidad), sino una importante obra política escrita por Confucio para expresar sus ideas éticas y políticas. Luego, en el siglo I a.n.e., Confucio llegó a ser considerado más que como un rey. Según mucha gente de esa época, él era un dios viviente entre los hombres- un ser divino que sabía que después de su época llegaría la dinastía Han (206 a.n.e.-220 n.e.) y, de acuerdo con eso, en los Anales de Primavera y Otoño, formuló un ideal político que era suficiente para que lo cumplieran los hombres de Han. Esta apoteosis fue el climax de la gloria de Confucio y, a mediados de la dinastía Han, el confucianismo pudo ser llamado “religión”.

El tiempo de la glorificación, sin embargo, no duró mucho. Ya a comienzos del siglo I n.e., los confucianos de un tipo más racionalista empezaron a imponerse. Así, en tiempos posteriores, Confucio dejó de ser considerado como un ser divino, aunque su posición de el Maestro se mantuvo alta. Hasta fines del siglo XIX, en verdad, hubo un breve renacimiento de la teoría de que Confucio había sido divinamente nombrado como rey. Poco después, sin embargo, con la llegada de la república de China, su reputación cayó hasta que pasó a ser considerado como algo menos que el Maestro; y, en la actualidad, la mayoría de los chinos diría que primero fue un maestro, y ciertamente un gran maestro, pero no el único maestro.

Confucio, no obstante, fue ya reconocido en su propia época como un hombre de conocimientos muy amplios. Por ejemplo, uno de sus contemporáneos dijo:”¡El maestro Kong es realmente grande! Sus conocimientos son tan amplios que no puede ser llamado por un solo nombre.” (Analectas, IX, 2.) En las citas dadas antes, podemos ver que él mismo se consideraba heredero y perpetuador de la civilización antigua, y fue considerado por algunos de sus contemporáneos como tal. Con su obra de creación a través de la transmisión, condujo a su escuela a reinterpretar la civilización de la época previa a él. Defendió lo que consideraba lo mejor en el pasado, y creó una poderosa tradición que fue seguida hasta en los últimos años cuando, como e la misma época de Confucio, China volvió a enfrentar grandes cambios económicos y sociales. Además, él fue el primer maestro de China. De este modo, aunque históricamente hablando fue sólo un maestro, a lo mejor no es irrazonable que en tiempos posteriores sea considerado como el maestro.

Confucio y su doctrina

Templo y residencia de Confucio

4 comentarios:

JOAQUÍN dijo...

Mora me encuentro como en casa
Gracias por tu enseñanza.

Mechita88 dijo...

Muy interesante tu blog.-compartimos el interés por Confucio -
Te invito a que conozcas mi blog :
chinamisteriosa.blogspot.com
Saludos,
Mercedes

R Georgina Hernandez C. dijo...

Gracias por su información, me ha servido.

R Georgina Hernandez C. dijo...
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